miércoles, 8 de febrero de 2017

Mis Raíces Casconas - 26 - LA COLADA

LA COLADA

          Recuerdo aquellos años en los que los habitantes de estos pueblos aún no disponíamos de agua corriente en casa y el lavado de la ropa sucia era necesario aunque se hiciese con mucha menos frecuencia que hoy en día. Era una labor muy dura de la que se encargaban las mujeres y por 




                                                                Pinzas para colgar la ropa a secar

mucho que se forraban todo lo que podían contra las inclemencias invernales, éstas eran persistentes y difíciles de eludir. En buen tiempo también se cubrían para que el sol no las curtiera la cara, brazos y piernas por el asunto de que la moda era estar blanquito.
     
      Se lavaba en el río o los arroyos cercanos al pueblo, con aguas heladas en invierno, aprovechando los lugares más accesibles y adaptados para ello, siendo El Parral uno de los lugares más elegidos. Se aprovechaba un remanso de la corriente y la lavandera pasaba horas frotar y  retorcer las prendas, con jabón contra una piedra o el útil de madera traído de casa que llamaban piedra de lavar y el peso de ésta más toda la ropa, hay que añadir el balde, cubo de zinc y el detergente. Para transportar la carga, sobre todo al regreso que estaba aún húmeda y pesaba más, requería de la colaboración del marido e incluso de un borriquillo o de una mula. El jabón utilizado generalmente de trozo de 250g era el de marca Lagarto aunque en ocasiones se lo fabricaban ellos mismos con grasas y sosa cáustica y añil, pero si las manchas eran resistentes, se echaba mano de viejos trucos, a veces con barro, brotes de mora, etc...Y para blanquear las sábanas, se tendían al sol sobre las zarzas y se regaban de cuando en cuando con agua limpia y si esto no resultaba se las metían en un recipiente con agua y ceniza de la chimenea. En algunas casas de ricos tenían pozo en el corral y una pila con piedra de lavar para  este uso  e incluso para ciertas ropas y ocasiones se calentaba agua.  Los encargados de estas faena eran los sirvientes.
        Sería a finales de los 50, cuando construyeron el lavadero en la Fuente Vieja con tejado, paredes acristaladas, pilas para lavar de pie, y otras para el aclarado con aguas limpias, ambas sobre placas de cemento diseñadas para tal fin. Esto mitigó un poco la dura tarea, que no había evolucionado nada en absoluto de la forma de hacerlo arrodillado y a la intemperie, como lo hacían en la prehistoria las mujeres de Atapuerca junto al río Arlanzón.
    No se conocían a mediados del pasado siglo, en la sociedad media ni tampoco en la alta las máquinas de lavar ni automáticas ni manuales que ya estaban inventadas pero su comercialización a gran escala, se retrasó por diferentes razones, entre otras, su alto precio y la instalación adecuada de agua y electricidad, hasta que años más tarde pudo ser una realidad y su uso generalizado evitando definitivamente el trabajo duro a mano.  Algunas mujeres de la época opinaban a propósito de la lavadora automática:
       Es el mejor invento de la humanidad.                                                                                                  
       Así lava hasta mi marido.                                                                                                     
       Esto permitirá a la mujer  alcanzar la igualdad.               



                                                                           Tabla de lavar