lunes, 11 de enero de 2021

La inocentada





La inocentada

Si consultas el santoral del 28 de diciembre, verás que la Iglesia Católica recuerda este día la matanza en Belén de niños menores de dos años por orden de Herodes. Una tragedia que siglos después evolucionó en algo festivo, en recuerdo del espíritu juguetón, sin maldad de los pequeños. Alguien debió de pensar que era una buena razón para hacer coincidir esta fiesta con otra pagana original de la Grecia antigua, que se celebraba en las mismas fechas y que consistía en pasar unos ratos divertidos entre jolgorio, bromas y tomaduras de pelo entre amigos. Así nació la inocentada, El objetivo es pasar un rato agradable sin pasar de lo cordial a lo grosero y respetando a quien ha de sufrir la chanza. Por la situación actual yo añadiría, respetando las medidas sanitarias.

En muchas ocasiones me han contado que en Torresandino –Burgos‑, el pueblo donde nací y me crie, había que estar muy atento porque en casi todos los hogares se hacía la advertencia pero a pesar de ello, siempre existía la posibilidad de cazar o ser cazado. Tanto lo uno como lo otro podía surgir cuando menos se esperase, ya que la pericia y el abanico de estrategias era tan amplio, que solo quedaba al azar encontrar al incauto. Veamos algunos ejemplos:

Pepín contaba que su padre después de una dura bronca le exigió 100 pts. Por una multa que la Guardia Civil le había hecho llegar por conducción indebida. Pepín para no poner peor las cosas le entregó un billete y al instante se maldijo a sí mismo al escuchar a su madre. ¡Hay inocente cómo te la ha pegado! Y a su progenitor, “El documento es falso, pero los Santos Inocentes te agradecen el donativo”. ¡Inocente!

Mercedes me contaba que por esas fechas mostró a su esposo un test de embarazo positivo. Él ignoraba que estaba manipulado y ya se veía con un sexto bebé en los brazos. No dejaba de dar vueltas sin decir palabra, hasta que temiendo que le pasara algo su mujer le dijo: Para ya hombre y mira en qué día estamos, ¡Inocente!. Ambos se ríen contando a sus hijos la broma de aquel 28 de diciembre.

Emilio enrollaba a su colega Santi contando que había comido en un asador de Aranda, casualmente junto a Iker Casillas el ídolo de ambos. Aseguraba haber hablado con él y haberse sacado una foto. Santi se sintió muy infeliz por haberse perdido la ocasión, pero se alivió al escuchar a su amigo llamarle ¡Inocente Inocente!

El fingido enfado del novio porque “aseguraba” que la cita era una hora antes y llevaba todo este tiempo, esperando. Era solo una broma de inocente a su novia, pero cuentan que el día de la boda y no fue en 28 de diciembre, la novia lo hizo real.

Mi abuelo Enedino el Chapetas, gustaba de dar inocentadas en esta fecha al que se proponía, estuviera o no prevenido. Era fiel a la costumbre, y le salía tan natural que no hacía sospechar nada. Su fama de bromista era de sobra conocida, pero por su carácter afable lo aceptaban y como aún no había TV ni otras diversiones, las tomaduras de pelo un día al año, rompían la monotonía y se toleraban. Así solía proceder:

‑Ya que te pilla de paso, ¿puedes hacerme el favor de llevarle este paquete a Fulano? Quedé en que se lo llevaría y lo estará esperando pero yo no puedo en este momento, que mire si con esto es suficiente y ya me dirás que le ha parecido.

‑No faltaría más –respondía presto el inocente cayendo en la broma‑, ahora mismo se lo llevo.

Cuando el receptor abría intrigado el envoltorio encontraba una nota con las instrucciones para seguir alargando la inocentada.

‑Parece que hay un error, a quien tienes que llevar esto es a Citano –le indicaba al mensajero‑. En ocasiones seguían al embromado para reírse con la ocurrencia y ver si se ganaba con creces el apelativo de inocente.

Mi padre, que curiosamente se llamaba Cándido, aunque tenía poco de cándido, parece que había heredado una buena parte de Chapetas y oportunidades para las tomaduras de pelo le sobraban, puesto que durante muchos años regentó en Basauri –Vizcaya‑, un bar de paso de obreros, donde hacían una parada de regreso de las fábricas y según la hora se tomaban un vino, cerveza o copita de licor. A sus clientes frecuentes no necesitaba preguntarles y les atendía con presteza lo que habitualmente le solicitaban, pero en un día tan señalado como el de los Santos Inocentes no se resistía a la tentación y por ejemplo sustituía sin comentario alguno el crianza de costumbre por un vino corriente.

‑ ¿Qué tal está el tinto? ‑ preguntaba en el momento de cobrar.

‑ ¡Ah muy rico! Siempre lo tomo, porque me encanta.

Quedaba claro que no se había enterado.

‑Anda tómate otro si quieres, estás invitado ¡Inocente!

Los demás parroquianos eran conocidos de todos los días y habían permanecido expectantes hasta este momento que soltaban la carcajada. Pero ellos también habían sido víctimas según habían ido llegando. Hace medio siglo nadie se ofendía, pero la relación con el tabernero era distinta a la actual.

Otro caso recordado muchas veces en mi casa es aquel que tuvo de protagonista a un tal Pedro. Este al ser servido exclamó en alta voz para ser bien oído por la concurrencia. ¡Bueno hoy que te paguen los Santos Inocentes. Y riéndose creyó que al fin se había tomado la revancha con Cándido, pero este calló hasta el momento en que ingirió el primer trago que le espetó ¡Inocente, Inocente! Coreado por todos que seguían al detalle la broma. La cara que se le puso a Pedro debió ser todo un poema porque simultáneamente descubría que no era el anís de costumbre, sino agua del grifo.

Yo recuerdo que los niños del barrio acostumbrábamos a llamar en los interfonos del portal a cualquier piso y cuando contestaban soltábamos la pregunta:

‑Oiga, ¿es ahí donde lavan la ropa?

Naturalmente la respuesta era negativa a lo que todos a coro gritábamos:

‑ ¡Pues qué guarros! Y soltando una ruidosa carcajada echábamos a correr.

Por teléfono se puede comunicar con algún amigo asegurándole que os ha tocado la lotería un buen pellizco en aquel número que ambos cogisteis, aunque sabes que no es así, te lo has inventado pero a él le hará pasar un rato de desazón hasta que le comuniques que es el día de los inocentes.

Las bromas telefónicas se han ido pasando de moda sobre todo porque no se puede ver la cara que pone el que recibe la broma, sin embargo va en aumento las que se envían por Walsh App dando una noticia falsa. Puedes inspirarte, en una de tantas "en teorías verdaderas" que cada año nos cuelan los principales diarios.

La primera inocentada del diario ABC a sus lectores fue el 28/12/1905. Sobre una fotografía trucada, el diario señalaba que el viaducto de la calle Bailén en Madrid, se había venido abajo. El día siguiente, publicaban también la explicación de la broma.

Este año 2020, el diario Mundo Deportivo decía así: "Gerard Piqué (34 años) ha decidido dar el gran paso. Lesionado de gravedad en su rodilla derecha, y sin garantías de quedar bien, ha decidido adelantar sus planes presentándose a las elecciones a la presidencia del FC Barcelona". Naturalmente todo falso.

Sin lugar a dudas es diferente a acercarse a pegar un monigote de papel en la espalda de alguien, vieja inocentada que aún convive con otras más originales.

Hay que medir si es idónea para quien va dirigida. No todo vale.

Lo más habitual será que el inocente se recrimine a sí mismo por haber caído a pesar de que estaba sobre aviso. Ante todo, lo que importa es la amistad y tras el ¡Inocente!, ¡Inocente!, lo que procede, es pedir escusas y felicitar el día señalado.