viernes, 15 de febrero de 2019

‑Las noticias‑



Artículo de opinión

Cada jornada amanece con nuevas noticias: violencia, terrorismo, corrupción, crimen y desgraciados accidentes. Los profesionales de la comunicación utilizando los diferentes medios, cargan la tinta para contar cada cual en su estilo, llenando más o menos páginas con las buenas nuevas de lo sucedido alrededor del mundo, que desgraciadamente no suelen ser muy buenas. Los hombres, llevados por el odio, su instinto dominante, depredador, egoísta y en ocasiones por fanatismo, dan lugar a violentos asesinatos de individuos, atentados sobre grupos o aniquilamiento de multitudes a consecuencia de violaciones, atracos, venganzas, rencillas y guerras. Las catástrofes causadas por la naturaleza ocasionan también demasiadas vidas humanas que cuando tienen lugar nos estremecemos de horror.
He de admitir que aunque menos, hay días que también ocurren determinados acontecimientos que podríamos juzgar como maravillosos o asombrosos: Diferentes hallazgos médicos en su lucha contra las enfermedades, novedosos inventos de la mano de los científicos en las distintas ramas o nuevos avances en el conocimiento del universo.
Los editores de los periódicos, seleccionan entre tantos contenidos optando por los que pueden atraer a los lectores, aunque eso sí, siempre protegiendo los intereses de sus patrocinadores.
Realmente la vida es así, siempre se puede elegir entre dos de cal y una de arena y ya nos hemos acostumbrado a convivir con los sobresaltos que nos da la lectura del periódico o los informativos de la televisión día sí, día también.
Algunos reporteros, corresponsales y cronistas, en su afán de llenar páginas en los diarios como sea, lo hacen con noticias sin contrastar y sin causarles desasosiego alguno la posible falta de autenticidad. Son estos los necios que decía Platón, que pasan el tiempo hablando porque tienen que decir algo mientras que los sabios hablan porque tienen algo que decir.
La verdad sólo tiene un camino y con este principio, deberían excluirse los discursos grandilocuentes generalmente partidistas e interesados que tergiversan la misma adaptándola a una determinada audiencia a la que va dirigida o con la que desean empatizar.
La experiencia nos demuestra que la información es con frecuencia manipulada (realzando algunas bondades, obviando ciertas cualidades y callando las maldades) hasta transformarla en una verdad a medias, que coincida más con los intereses del autor. Siempre será una mentira completa, pero en un momento determinado puede conseguir la credibilidad que busca y llegar a quedarse per saécula saeculorum, como generalmente ocurre con la Historia; que invariablemente siempre fue escrita por los vencedores.
De lo dicho se deduce que la fuerza de la información es realmente tan poderosa, que los que llaman a la prensa el cuarto poder están en lo cierto. La influencia que ejercen los medios de comunicación en la sociedad determina la opinión pública y sobre todo practican una oscura relación dominante sobre los gobernantes y principales partidos nacionales.
Aun así, entre todos podríamos paliar el deterioro del planeta si cada uno colocáramos nuestro granito de arena por un cambio favorable. No todo se ha perdido como se observa en ciertos movimientos a favor del retorno a los cultivos y abonos naturales prescindiendo de herbicidas, pesticidas o cultivos transgénicos. El rechazo a la producción y venta de armamento a terceros países, que lo utilizan indiscriminadamente sobre civiles, niños inocentes, minusválidos o huérfanos.
Si pensamos en la contaminación en general de ciudades, montes, ríos y océanos que está exterminando muchas especies de nuestra flora y fauna, todos estamos de acuerdo en que es un problema mundial y que habría que tomar medidas de gran calado para paliarlo. Las manifestaciones reivindicativas por Europa se repiten a diario pero la prensa lo calla, parece ser un problema de escasa importancia.
Sería deseable legar a nuestros hijos un planeta sostenible y realmente aún estaríamos a tiempo si contáramos con la participación masiva de los ciudadanos. Entre todos, podemos, dice un dicho popular, pero se hace necesario un empujón como el que supondría una apuesta de las cadenas de TV y los diarios de grandes tiradas por pasar a ser transparentes en los grandes temas ecológicos. Dejar de navegar entre dos aguas como están haciendo por ejemplo en toda la cuestión nuclear. Supondría una ayuda importante, sería algo extraordinario que la información fuese del todo veraz y que llegase de forma entendible a los ciudadanos de a pie, utilizando el lenguaje sencillo y habitual de la calle. Están supeditados a los intereses de las compañías eléctricas dirigidas por personas sin escrúpulos que ante la posibilidad de mantener cifras multimillonarias en su tarjeta de beneficios no dudan en comprar a políticos corruptos que les permitan continuar sin aludir para nada al riesgo derivado de esa actividad radiactiva.
¿Estamos todavía a tiempo de revertir la situación?
Si la respuesta es afirmativa aprovechémosla.
Francisco García