viernes, 7 de julio de 2017

Mis Raices Casconas - 31 - OS ACORDÁIS DE...

                                    OS ACORDAIS DE…

         ¿Os acordáis de… Cuando llegaron al pueblo unos titiriteros o volatineros con una cabra, que, se subía en la escalera a los sones de los acordes de trompeta que el gitano lanzaba al aire?. Era el reclamo para que a la tarde nos acercáramos a la carpa que habían montado en las eras. “¡Vengan a ver el mejor espectáculo circense que jamás pasó por Torresandino!. Con la cabra Nicolasa, compitiendo en difíciles equilibrios con el perro Boris además de descubrir las habilidades de los más variopintos animales exóticos amaestrados (un loro que sabía tres o cuatro tacos y una iguana). Contamos con la extraordinaria participación del hombre mono, que nos hará algunas exhibiciones de la vida en la jungla; (en realidad, un gitano que de hombre muy poco y mucho de primate)y ¡También disfrutarán ustedes de la colaboración especial de Saray, princesa gitana (guapa y joven, con poca ropa)que nos deleitará con la danza del vientre.!.
    Cobraban entrada y además sacaban dinero con el sorteo de unas botellas de licor y embutidos, entre los compradores   de unas series de boletos que la danzante sabía en qué sector del público se las rifarían.    
   Lo mejor, la clásica pareja de payasos pero en síntesis, titiriteros de poca monta, y un fraude; el desengaño total, pero no había otras opciones donde poder elegir; en mucho tiempo no volveríamos a tener otro espectáculo de varietés.


 
     











lunes, 5 de junio de 2017

Mis Raices Casconas - 30 - LAS PERAS DEL PARRAL


                          LAS PERAS DEL PARRAL






     No se me olvida el día, o mejor dicho uno de los días que le quitamos las peras que tenía en El Parral al tió Pelos Blancos. Eran de invierno y las cogíamos desde septiembre, por creer que ya estaban para recoger porque el tamaño ya era  grande, y resultaban estar más duras que un canto,  no había dentadura que le metiera el diente. Pero eran los únicos frutales accesibles y las viñas quedaban muy lejos. Aunque eso era lo de menos, ya que en el fondo lo que perseguíamos era hacerle rabiar, porque era bastante cascarrabias y esperábamos con la adrenalina a tope y el aliento contenido vigilando para echar a correr al primer aviso si a lo lejos venía alguien y presumir después exagerando el peligro de la situación; eso era lo que nos motivaba. La verdad es que el hombre tenía que estar muy harto de los perales del parral y de los chicos del pueblo, pero sin embargo y a pesar de la mala fama que le atribuíamos también he tenido oportunidad de conversar con personas que le conocieron bien y que aseguran que era una persona excelente. 

                  

sábado, 6 de mayo de 2017

Mis Raices Casconas - 29 - CINEMA JULIAN

CINEMA JULIAN


       Este señor, seguro que fue el más emprendedor del pueblo e incluso de la comarca, con gran diferencia, porque tuvo muy buenas ideas que además él mismo las puso en marcha, pero la suerte no le acompañaba.
      Empezó con una tienda de ultramarinos que terminó conservándola, regentada por su esposa Brígida,  pero no le salieron las cosas así, con las viviendas que construyó de adobe en el Castillo que dieron alojamiento en régimen de a renta a matrimonios jóvenes, que dada la escasez de viviendas no encontraban otro sitio ni bueno ni malo. Aquel era un buen momento para edificar pero en pocos años se hundieron. Fracasando así el negocio de alquiler de habitaciones con derecho a cocina. Falló el suelo, pero ya era de sobra conocido por todos, que el subsuelo estaba minado de bodegas y estas ya en claro proceso de  derrumbes por filtraciones de la lluvia, lo que daba lugar a hundimiento en la superficie. Y a la vez  también se fue al carajo el salón de baile y comedias que amenizaba las tardes de los domingos y festivos a los mozos y mozas del pueblo. Tenía un organillo que hasta pasados algunos años, seguía en su sitio y los niños nos metíamos por las ventanas rotas y lo hacíamos sonar, pero estaba ya muy roto y al final quedaría sepultado bajo los adobes.

       El cinemascope, al principio, se fue conociendo por todos estos pueblos gracias a algún empresario ambulante que de plaza en plaza, exhibía una misma película, y el señor Julián vio que  éste nuevo arte ofrecía muchas posibilidades de ganar dinero y tal como lo pensó lo puso en funcionamiento; adecuando un edificio de su propiedad inauguraba la sala de cine, contando con la ayuda de sus hijos. Para sacar rentabilidad a la película se le ocurrió dar la misma también en Tórtoles, para lo cual se tuvo que comprar un coche que le permitiera ir de un sitio al otro a tiempo. La elección supongo que estaría condicionada por el alto precio que entonces tenían, porque el que eligieron, un biscuter que parecía una tartana (La Rubia) con la parte trasera de madera y que tenía tan poca fuerza el motor, que los niños de diez años lo obligábamos a parar, y si la calle estaba embarrada, que solía ser lo habitual en todo el invierno, patinaba y necesitaba que lo empujaran; para qué quieres más, le acechábamos para frenarlo y ya teníamos diversión. Y  le cantábamos:

Quita del medio que va a pasar,
la camioneta la camioneta.
Quita del medio que va a pasar,
la camioneta del tió Julián.

       Por estas razones y supongo que otras más, el caso es que los espectadores de un pueblo un día y otro día los de otro sufrían demoras inaguantables e incluso en alguna ocasión se proyectó el segundo carrete antes que el primero. Finalmente este negocio también se fue al traste.
  


 

                                                                                            

                                                                              Cine profesional


sábado, 15 de abril de 2017

Mis Raices Casconas - 28 - MODELO FUERA DE MODA


                                 

MODELO FUERA DE MODA
    
     Era muy normal que las mujeres se dedicaran a confeccionar el ajuar, para sus hijas, o muchas prendas de vestir para todos los miembros de la familia, La ropa si se podía se hacía en casa y los hermanos menores la reutilizaban si aún estaba en buen uso; pasándola de unos a otros los hermanos y en ocasiones; para poderle lavar el pantalón; tenía que acostarse al niño en la cama porque en ese momento no se podían permitir comprar tela para uno nuevo. Los arreglos con la intención de poder usarla una temporada más, o incluso la confección de  ropa interior de hombres o mujeres, era tarea del ama de casa que aunque cansada del trabajo diurno, por la noche junto al  hogar, al amor de la lumbre, con poca luz y luchando contra el sueño, se  ocupaba en coser una camisa rota, poner un botón o zurcir un agujero al calcetín, incluso marcar y cortar una pieza nueva con un trozo de tela que sobró de otra ocasión anterior, para el padre o para los hijos.
     Con el comentario anterior, intento justificar lo fácil que puede ser meter la pata si se trabaja en determinadas condiciones, con la vista ya cansada escasos medios y etc...etc...Como en esta historieta de las tantas que el abuelo nos contaba a propósito de situaciones divertidas o curiosas, buscando siempre el lado jocoso de la situación.
     Según contaba, en cierta ocasión la tiá Cristeta, que era su consuegra, (madre del tío Elías), hizo un calzoncillo a su marido. Pero que al parecer éste no lo encontró práctico según se deduce de sus palabras, a las que yo intentaré darle el sentido adecuado en el siguiente monólogo.
       “ ¡Ay Cristeta, hija! Pero ¿Qué me has hecho?,
                                                           
                                                
       ¿Cómo que qué?;
        Cristeta hija, ¿pero es que no lo ves?.
        Sí, si ya veo que es un calzoncillo, pero………
        Cristeta por favor, que soy tu marido y me conoces de sobra. ¿Cómo se te ha ocurrido hacerme esto?.
        No si ya me imagino que será de un retal de alguna sábana Cristeta, pero dime;¿Cómo quieres que me lo ponga, si me has hecho un calzoncillo de una pierna solo?.

sábado, 11 de marzo de 2017

Mis Raices Casconas - 27 - LAS ESCUELAS  



LAS ESCUELAS

       Mi primer contacto con las letras, podría decir que fue como parvulito en casa de la señora Eulogia, con tres o cuatro años me imagino; allí aprendíamos a conocer las vocales y contar hasta diez, un grupito de niños, y así nuestra madre tenía tiempo para ayudar al padre en las tareas de la cosecha, recuerdo que era en una casa que hoy ya está hundida, junto a la que vivió Franquillo en la calle del Ranal.         
 
       Después con seis añitos, se empezaba en las escuelas, los chicos estábamos junto a la plaza que llamábamos el cuartel viejo en un edificio que ya se tiró para construir viviendas, y las chicas en el edificio del antiguo ayuntamiento (Que se quemó), y que ahora lo ocupa el nuevo, ya remozado en la plaza del pueblo. Por entonces serían los años cincuenta y pico se usaba la pizarra y el pizarrín, y los mayores escribían en cuaderno con lápiz o con el plumín mojando en tinta del tintero del pupitre, ya que la invención del bolígrafo fue posterior. Los libros eran siempre los mismos que se pasaban del mayor a sus hermanos menores.



       

Para aprender las letras: Primera, segunda y tercera cartilla y el Catón. Después ya se estudiaba con la enciclopedia Universal que como su nombre indica valía para todo: Historia Sagrada, Aritmética, Geometría Lengua Española, Historia de España y Ciencias Naturales. El Catecismo era otro librito.

        La religión acaparaba un buen porcentaje del tiempo lectivo anual, porque además de las materias en sí, ocupábamos mucho tiempo entre la preparación para Semana Santa, la catequesis a los de las primeras comuniones. En el mes de mayo todas las tardes se rezaba el rosario y se aprendían canciones o versos para el domingo recitarlos en misa. Los seminaristas del pueblo, venían a la escuela con ideas brillantes, para ejecutar con la participación de los alumnos y un ejemplo ahí está, la cruz del “Andeable”, como recuerdo de un día lectivo que se perdió. En Navidades, montar el Belén y la escenificación del nacimiento y adoración viviente, en la plaza. Cuando parecía que no había nada venía el cura para hablarnos del Domund y los negritos, como si a nosotros nos sobrara.

     A propósito de esto, me viene a la memoria el reparto de la leche que se hacía en el recreo y nos calentaba el estómago; Durante años la encargada de diluir en agua hirviendo la leche en polvo y hacer la comida fue la Sra. Dionisia y recuerdo cuando ésta estuvo convaleciente durante un año más o menos, por alguna operación quirúrgica, mi madre, Antolina, la sustituyó; Por la tarde, en algunos años, nos repartían queso de bola y plátano. Era la ayuda que trajo el Plan Marsall americano.





La escuela nueva

Estrenamos escuela. Sí, por fin dejamos aquellas aulas para estrenar las nuevas. De nombre como es lógico, grupo Escolar Virgen de Carmen. Este ya era un colegio mixto porque era para niños y niñas pero en un ala del mismo las aulas de ellas y en otra las de ellos, por si acaso, no vaya a ser qué y separados por el salón de actos. El edificio quedó muy bonito y mejor, con diferencia, que otros colegios de la zona. Lo construyeron los Zapatranes, a últimos de los cincuenta aproximadamente, Además tenía cancha de baloncesto al lado y como estaban las eras del río también, jugábamos al fútbol a diario, pero de allí no llegó a salir ningún Puskas o Gento. Las clases eran impartidas por tres maestras: Flora, Anunciación y Herminia y tres maestros: Salvador, Félix y Pelayo y en cada aula unas treinta plazas, todas ocupadas con niños o niñas todos del pueblo. Don Félix, un maestro nuevo se propuso que los chicos aprendiéramos a cantar, y las chicas con Doña Flora aprendían a bordar. Don Pelayo era del pueblo y conocía a todos nuestros padres y aunque todos coincidían en que era un poco bruto, también era apreciado por su interés en conseguir para los chicos de su escuela, becas, libros, ayudas de material didáctico, deportivo, o simplemente lapiceros de las cajas de ahorros, etc.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Mis Raíces Casconas - 26 - LA COLADA

LA COLADA

          Recuerdo aquellos años en los que los habitantes de estos pueblos aún no disponíamos de agua corriente en casa y el lavado de la ropa sucia era necesario aunque se hiciese con mucha menos frecuencia que hoy en día. Era una labor muy dura de la que se encargaban las mujeres y por 




                                                                Pinzas para colgar la ropa a secar

mucho que se forraban todo lo que podían contra las inclemencias invernales, éstas eran persistentes y difíciles de eludir. En buen tiempo también se cubrían para que el sol no las curtiera la cara, brazos y piernas por el asunto de que la moda era estar blanquito.
     
      Se lavaba en el río o los arroyos cercanos al pueblo, con aguas heladas en invierno, aprovechando los lugares más accesibles y adaptados para ello, siendo El Parral uno de los lugares más elegidos. Se aprovechaba un remanso de la corriente y la lavandera pasaba horas frotar y  retorcer las prendas, con jabón contra una piedra o el útil de madera traído de casa que llamaban piedra de lavar y el peso de ésta más toda la ropa, hay que añadir el balde, cubo de zinc y el detergente. Para transportar la carga, sobre todo al regreso que estaba aún húmeda y pesaba más, requería de la colaboración del marido e incluso de un borriquillo o de una mula. El jabón utilizado generalmente de trozo de 250g era el de marca Lagarto aunque en ocasiones se lo fabricaban ellos mismos con grasas y sosa cáustica y añil, pero si las manchas eran resistentes, se echaba mano de viejos trucos, a veces con barro, brotes de mora, etc...Y para blanquear las sábanas, se tendían al sol sobre las zarzas y se regaban de cuando en cuando con agua limpia y si esto no resultaba se las metían en un recipiente con agua y ceniza de la chimenea. En algunas casas de ricos tenían pozo en el corral y una pila con piedra de lavar para  este uso  e incluso para ciertas ropas y ocasiones se calentaba agua.  Los encargados de estas faena eran los sirvientes.
        Sería a finales de los 50, cuando construyeron el lavadero en la Fuente Vieja con tejado, paredes acristaladas, pilas para lavar de pie, y otras para el aclarado con aguas limpias, ambas sobre placas de cemento diseñadas para tal fin. Esto mitigó un poco la dura tarea, que no había evolucionado nada en absoluto de la forma de hacerlo arrodillado y a la intemperie, como lo hacían en la prehistoria las mujeres de Atapuerca junto al río Arlanzón.
    No se conocían a mediados del pasado siglo, en la sociedad media ni tampoco en la alta las máquinas de lavar ni automáticas ni manuales que ya estaban inventadas pero su comercialización a gran escala, se retrasó por diferentes razones, entre otras, su alto precio y la instalación adecuada de agua y electricidad, hasta que años más tarde pudo ser una realidad y su uso generalizado evitando definitivamente el trabajo duro a mano.  Algunas mujeres de la época opinaban a propósito de la lavadora automática:
       Es el mejor invento de la humanidad.                                                                                                  
       Así lava hasta mi marido.                                                                                                     
       Esto permitirá a la mujer  alcanzar la igualdad.               



                                                                           Tabla de lavar

domingo, 8 de enero de 2017

Mis Raíces Casconas - 25 - LA COSECHA

LA COSECHA


         Este pueblo se dedica al cultivo de cereales, cebada, trigo, centeno y avena principalmente En los tiempos de mi abuelo aún no habían llegado las máquinas al campo. Todo se hacía a mano y llevaba mucho tiempo, eran trabajos duros y los beneficios no sacaban a nadie de la pobreza, pero permitía comer el año siguiente si no llegaba un desastre natural, o un fuego accidental que diera al traste con todo el trabajo. sin dejar de mirar temerosos al cielo pensando siempre, en si lloverá o pasará el nublado.


        

Hoy se festeja un día de verano para recordar lo que eran entonces las faenas de la siega, atado, acarreo, trilla y separado de paja y grano con la bieldadora. Lo que ahora gusta recordar con regocijo, eran entonces duras tareas, en los días del estío con temperaturas de fuego, madrugando antes de amanecer y recorrer hasta 15 kilómetros para llegar a la finca. Trabajar de sol a sol y volver a casa anochecido ya tropezando por caminos polvorientos surcados de roderones que las ruedas de los carros habían labrado en el invierno. El trabajo que se desarrollaba con la participación de toda la familia empezaba tras el acarreo, cuando las mieses en forma de haces llegaban a la era y se procedía a las tareas de la trilla, que se denomina así porque esta labor se realizaba con un trillo, que es un apero o herramienta agrícola que ya ha quedado obsoleta, pero con pequeñas variaciones, su uso se remonta a siglos antes de Cristo y por distintas civilizaciones del mundo conocido; se destinaba a separar el trigo de la paja, es decir, a trillar. Es un tablero grueso, hecho con madera de pino negro con la parte frontal algo más estrecha y curvada hacia arriba como una tabla de esquí y en la parte inferior del orden de 2.000 a 3.000 esquirlas cortantes de piedra de pedernal muy duras (silex) en ordenadas filas que durante horas se arrastraban sobre las espigas. Mediante una argolla clavada en la parte de adelante tiraban de él dos machos o mulas y se montaba una persona que guiaba dando vueltas en torno a la parva, sentaba sobre una silla o a veces una piedra, que se añadía para conseguir que el trillo pesara más. Al moverse en círculos sobre la cosecha extendida, las lascas, cortaban la paja y las espigas sin dañar las semillas. Posteriormente se amontonaba dispuesto ya para la bielda.

Mencionaré aquí a los trilleros del pueblo segoviano de Cantalejo, (Segovia) que se dedicaban al trabajo artesano de la elaboración de trillos ocupando al menos a un 80% de sus habitantes, generación tras generación desde siglos atrás, alcanzando una gran destreza incluyendo todas las tareas desde la tala del pino, elaboración del trillo propiamente dicha, transporte por toda la meseta española, y la venta y mantenimiento, alcanzando por los años cincuenta cifras de 30.000 unidades, además de otros diversos aperos. Ya por los años 70 dejaron de fabricar en serie y únicamente existe una pequeña demanda como souvenir, o elaboradas piezas de artesanía combinando con acero o cristal, para adorno en fondo en escaparates, cabeceros de dormitorios, original mesa de salón, consiguiendo un atractivo toque de antigüedad.

Continuando con el tema de este capítulo, eran días de mucho trabajo y como ya he dicho todos, grandes y pequeños ayudaban según sus fuerzas que incluso a los pequeños también se les asignaba tareas como la de aprovisionamiento del botijo de agua desde la Fuente Vieja, para las eras del Bonete. Este servicio era necesario llevarlo a cabo al menos tres veces al día, y a veces se interrumpía porque en el camino había un peral, o una perra con perritos, etc. en consecuencia el agua llegaba tarde y caliente. De la comida se encargaba la madre que quedaba en casa para hacer las compras, la limpieza del hogar, dar de comer a los animales domésticos, cocinar y llevar las viandas a la era, donde los suyos esperaban ya con hambre canina, A la sombra del carro y sentados sobre el suelo alrededor de la cazuela, padres e hijos devoraban los garbanzos a los que se había añadido un buen trozo de tocino, una mano de cerdo y un choricillo de lo de la matanza de noviembre, acompañado de una ensalada, y como no, los productos de la tierra: La hogaza de pan y el jarro de vino clarete, con una guindilla verde escabechada de las que te entra el hipo. Por la tardecilla se consideraba que ya estaban trituradas las espigas y se recogía en un montón, que día tras día se hacía mayor, y que urgía seguir sin pausa hasta terminar la trilla, para a continuación empezar con la bielda, que separa el grano de la paja, y así poder llevar cuanto antes a guardar, la cebada o trigo limpio al granero, y la paja que se necesitaría durante el año al pajar y concluir una vez que ya todo está a cubierto, y protegido de una posible tormenta devastadora, que a última hora mandara al garete, la ilusión de todo un año. Las faenas descritas se hacían a mano con ayuda de los machos (mulos) y las herramientas o útiles que estas tareas precisaban: Trillo, horca, camizadera, bieldo, rastro y otras que conocimos de primera mano, y desde temprana edad; mención especial, podríamos hacer de la beldadora, que aunque aún se movía sin motor era un ingenio que agilizaba mucho la tarea de separar grano y paja. No creo que nos pase lo que cuentan que le pasó a uno de pueblo, que después de años de su emigración, volvía hecho un finolis y no recordaba ya aquellas cosas ni de nombre, pero cuando precisamente se lo explicaban en la era, pisó accidentalmente el rastro por el lado de los dientes y la fuerza del pisotón hizo que el mango se elevara con ímpetu y le dejó marcado el golpe sobre la cara, al tiempo que le salía de forma espontánea...”jodido rastro”, con las correspondientes risas de los chicos del pueblo. 


Mencionaré aquí a los trilleros del pueblo segoviano de Cantalejo, (Segovia) que se dedicaban al trabajo artesano de la elaboración de trillos ocupando al menos a un 80% de sus habitantes, generación tras generación desde siglos atrás, alcanzando una gran destreza incluyendo todas las tareas desde la tala del pino, elaboración del trillo propiamente dicha, transporte por toda la meseta española, y la venta y mantenimiento, alcanzando por los años cincuenta cifras de 30.000 unidades, además de otros diversos aperos. Ya por los años 70 dejaron de fabricar en serie y únicamente existe una pequeña demanda como souvenir, o elaboradas piezas de artesanía combinando con acero o cristal, para adorno en fondo en escaparates, cabeceros de dormitorios, original mesa de salón, consiguiendo un atractivo toque de antigüedad.

Continuando con el tema de este capítulo, eran días de mucho trabajo y como ya he dicho todos, grandes y pequeños ayudaban según sus fuerzas que incluso a los pequeños también se les asignaba tareas como la de aprovisionamiento del botijo de agua desde la Fuente Vieja, para las eras del Bonete. Este servicio era necesario llevarlo a cabo al menos tres veces al día, y a veces se interrumpía porque en el camino había un peral, o una perra con perritos, etc. en consecuencia el agua llegaba tarde y caliente. De la comida se encargaba la madre que quedaba en casa para hacer las compras, la limpieza del hogar, dar de comer a los animales domésticos, cocinar y llevar las viandas a la era, donde los suyos esperaban ya con hambre canina, A la sombra del carro y sentados sobre el suelo alrededor de la cazuela, padres e hijos devoraban los garbanzos a los que se había añadido un buen trozo de tocino, una mano de cerdo y un choricillo de lo de la matanza de noviembre, acompañado de una ensalada, y como no, los productos de la tierra: La hogaza de pan y el jarro de vino clarete, con una guindilla verde escabechada de las que te entra el hipo. Por la tardecilla se consideraba que ya estaban trituradas las espigas y se recogía en un montón, que día tras día se hacía mayor, y que urgía seguir sin pausa hasta terminar la trilla, para a continuación empezar con la bielda, que separa el grano de la paja, y así poder llevar cuanto antes a guardar, la cebada o trigo limpio al granero, y la paja que se necesitaría durante el año al pajar y concluir una vez que ya todo está a cubierto, y protegido de una posible tormenta devastadora, que a última hora mandara al garete, la ilusión de todo un año. Las faenas descritas se hacían a mano con ayuda de los machos (mulos) y las herramientas o útiles que estas tareas precisaban: Trillo, horca, camizadera, bieldo, rastro y otras que conocimos de primera mano, y desde temprana edad; mención especial, podríamos hacer de la beldadora, que aunque aún se movía sin motor era un ingenio que agilizaba mucho la tarea de separar grano y paja. No creo que nos pase lo que cuentan que le pasó a uno de pueblo, que después de años de su emigración, volvía hecho un finolis y no recordaba ya aquellas cosas ni de nombre, pero cuando precisamente se lo explicaban en la era, pisó accidentalmente el rastro por el lado de los dientes y la fuerza del pisotón hizo que el mango se elevara con ímpetu y le dejó marcado el golpe sobre la cara, al tiempo que le salía de forma espontánea...”jodido rastro”, con las correspondientes risas de los chicos del pueblo. 

La llegada de las máquinas eliminó la necesidad de mano de obra y dio lugar a la emigración, dejando las fincas en manos de los que se enfrentaron al endeudamiento que suponía la compra del tractor, y todos los útiles necesarios. Muchos pueblos quedaron desiertos, y hoy son ya ruinas.
La  bieldadora