viernes, 12 de junio de 2015

Mis Raíces Casconas - 7 - VIEJAS TRADICIONES


VIEJAS  TRADICIONES            


El robadito.- Aunque el siglo XX había alcanzado ya su primera mitad, los jóvenes solteros de este rincón burgalés, seguían aún aferrados a las costumbres que ejercían desde antiguo, entre chicos y chicas forasteros y el baile de las romerías en las  fiestas patronales.

Conservaban una norma que consistía en que en todos los bailes era permitido “el robado” o robadito, es decir que entre los jóvenes no comprometidos, sin novio o novia, estaban obligados a ceder su pareja, en cualquier momento de la pieza que se estuviera bailando, si otro chico así se lo requería, normalmente con la fórmula habitual de “me haces el favor”. Aunque la chica estuviera encantada con su pareja no estaba bien visto que se opusiera, y solo les quedaba la opción de que él volviera en la siguiente pieza, o haciendo público que eran novios, y ya no se les interrumpía más. Si el chico era forastero, y no estaba al corriente de que era una tradición, obviamente manifestaba su desacuerdo con que le quitaran la chica, y se resistía, tras lo cual, un piquete informativo le ponía al corriente de tal práctica local y que de seguir empeñado en su actitud, esto le podía hacer merecedor de un baño en el pilón (bebedero de los mulos). Como acababa el asunto, si el mozo era un “echao pa’lante”.


La Botifuera.- Otra costumbre que se practicaba contra los mozos forasteros, igualmente bárbara, era la de que aquellos que pretendieran cortejar a una chica del pueblo, tenían que pagar una tasa que le imponían para una merienda a su cuenta los mozos locales, pero en caso de negarse, sufrían la pena de castigo impuesta y que consistía en terminar como el del robadito, en el pilón.


El usted, el padre y la madre.- Mis progenitores nos enseñaron a sus hijos igual que los demás lo hacían con los suyos a llamarles como era costumbre por entonces en los pueblos: padre madre y de usted. Cuando venía algún niño de ciudad, le escuchábamos decirles de tú y papá, mamá, o papi, mami, nos parecía irrespetuoso y desobediente con sus mayores o cuando menos unos pijos. Hoy, pienso que éramos igual de desobedientes unos u otros, o igual a como puedan serlo los de ahora, independientemente a que el tratamiento sea de usted o de tu, de papá, o de padre.

Respecto al formalismo usted, hoy soy de la opinión de que suena a una disciplina ya trasnochada que no facilitaba la confianza en la relación entre padres e hijos y que obviamente ya no me sale, “hago lo que usted mande”, pero sin embargo sigo fiel al uso de madre y padre, que para mí tiene un significado respetuoso, que con papá se convierte en confiancita y con papi abuso.

Padre, me puedes dejar tu coche por favor? Papá dame las llaves que necesito tu coche. Papi afloja la cartera para gasolina que me llevo tu coche. Hombre, tampoco es necesario volver a la autoridad suprema por un simple sustantivo. Creo que en la educación está la clave, y que en nuestro pueblo es algo que ya está superado, entre la nueva generación, pero los de cierta edad lo tenemos muy arraigado y a mí en particular se me llena la boca para llamarla  ¡MADRE! ¿Qué tal estás?




jueves, 28 de mayo de 2015

Mis Raíces Casconas - 6 - MITOS Y LEYENDAS

En estas tierras que difieren muy poco del resto de Castilla, el dominio de la escritura entre el pueblo llano, no alcanza niveles del 50% de la población, hasta bien pasado el primer tercio del siglo XX. Es quizás ésta la razón de que tuvieran una verdadera pasión por congregarse junto a las puertas de sus casas en las tardes noche de verano o reunirse al amor de las llamas del fuego bajo en el mal tiempo y contar historias o leyendas, sobre amores y desamores, ladrones y contrabandistas, milagros y curanderos, viajes, cotilleos sobre personas más o menos populares. Basados a veces en hechos reales pero que la imaginación los elevaba generalmente a extraordinarios y poco más o menos increíbles. Algunas de aquellas narraciones, pasaban de padres a hijos por transmisión oral, y suplían la escasa difusión de noticias o de temas generales de conversación. A continuación describiré alguno de estos mitos que hacían las delicias de grandes y pequeños.


Orzas de oro. Sin lugar a dudas no había tema que fuera tan apreciado en estas veladas vespertinas como el hallazgo de tesoros, escondidos desde el tiempo de Los Reyes Católicos, en agujeros que aparecían por azar, donde supuestamente los dejaron escondidos los judíos antes del éxodo al que se vieron forzados, en la creencia de que la ausencia sería temporal y podrían volver a la casa que había sido su propiedad. Es cierto que en los siglos sucesivos a lo largo y ancho de la península, se encontraron en alguna ocasión tesoros ocultos de monedas de oro o plata, que sirvieron para que las ilusiones se dispararan y asimilaran como sueños propios realizables.


Serpientes de conchas. Era el convento hundido, el lugar idóneo para que la imaginación creara seres irreales, escondidos en los sótanos sepultados bajo los escombros, apartado del núcleo urbano, además de ser un paraje solitario y tranquilo, el caldo de cultivo para que naciera la leyenda de una serpiente tan grande, que su piel estaba cubierta de conchas, sobre la que rebotaban los perdigones que algunos cazadores la habían disparado y tan escurridiza, que realmente resultaba muy difícil ponerle el ojo encima. El tiempo, o quizás al no tener compañero con el que aparearse, hizo desaparecer la estirpe de aquel “fabuloso” ejemplar.


La Cuesta Landeable. Es junto con el Cotarro San Cristóbal las cimas más concurridas por quien desea tener una extensa vista de pájaro sobre el pueblo, a la vez que alcanzar la cota más alta, requiere practicar un poco de ejercicio. Pero la primera merece que le dedique capítulo aparte motivado por la confusión a que su denominación da lugar porque tiene dos lecturas diferentes además de una posible y lógica interpretación más. Lo he elegido porque su mismo nombre ya me intrigaba desde niño (Landeable o El Andeable). Tanto una acepción como la otra, ¿Verdad que induce a pensar en algo que se relaciona con el diablo? ¿Cómo se les ocurriría ponerle un nombre que parece decir con toda claridad la endiablada? Desconcierto, pues ambas denominaciones se utilizan indistintamente en documentos oficiales.

Vista de la Cuesta Landeable con la cruz arriba y camino
La cuesta que nos lleva arriba lo hace al principio directamente, para hacerlo después en forma oblicua y termina muy cerca de la gran cruz (de 12x8 metros) Esto no tiene ninguna relación con el tema para nada, que simplemente fue una idea que tuvieron  los seminaristas del pueblo para que los alumnos de la escuela a la temprana edad de diez u once años, tuvieran un día de expansión, conocieran la naturaleza y ejercitaran los músculos. La dejamos marcada en el suelo con piedras  y aún se ve blanquear, desde una larga distancia.
Después el llano se prolonga hacia Olmedillo y de nuestro lado termina en la vertiente que paralela a la carretera sigue al río Esgueva hasta casi la población de Villatuelda, donde cambia de nombre, por La Cuesta Hundida, por razones evidentes ya que su fisonomía muestra que en distintas épocas hubo desprendimientos que modificaron la ladera ya próxima al citado pueblo. ¿Tendrá esta circunstancia algo que ver con el enigmático nombre? ¿Es quizás que relacionamos el nombre con una raíz errónea?.¿Y si acaso originalmente era La Endeble precisamente por esos desmoronamientos? Mi abuelo no tenía estas respuestas pero acostumbraba a decir, que aunque desconocía su significado, lo que si recordaba con claridad es que sus mayores solían utilizar la siguiente expresión: “Ay Landeable, (o Andeable), que el que te anda no lo sabe”.

    ¿Qué es lo que no se sabe? Sigue el misterio.


Báscones. Hoy, conocemos con el topónimo de Báscones, a un término municipal que se encuentra a cerca de 2 kilómetros del pueblo y en las cercanías de la unión del arroyo de Quintanilla con el río Aguachal (Henar). Podemos asegurar también que nuestros abuelos conocieron que en ese lugar, junto al camino al empezar la cuesta, existió una ermita que por oídas, estuvo consagrada a Ntra. Sra. de Báscones aunque ya derruida y que sus padres tampoco recordaban haberla conocido entera. Todo indica que hacia 1850 aún se mantenía íntegra, pero a partir de ahí el abandono y la desidia la llevaron rápidamente al declive. A nosotros nos llegó, ya como escombros, y nada más. Se cree que en algún tiempo junto a ella hubo un pequeño poblado, que posteriormente se reasentaría también dentro del núcleo urbano de Torresandino, buscando la protección de la torre de Sendino, ante las incursiones de los sarracenos. Se desconoce desde cuándo estaban allí, su procedencia y cuánto tiempo permanecieron en dicho lugar.Esta historia así, queda incompleta, por lo cual me aventuraré a concluirla con lo que a mi me parece bastante  obvio que a grandes rasgos debió ser la corta historia del poblado de Báscones. Pero insisto que, ante la falta de documentos donde consultar, lo que me atreveré a escribir aquí, son únicamente mis conjeturas sobre este tema, pero sin pruebas que corroboren mis palabras y basándome únicamente por deducciones lógicas y el estudio de la historia de Castilla en la Edad Antigua y la Edad media.Considero que en el siglo X entre los años 930 y 940, gobernando en Castilla el conde Fernán González, las riberas del Esgueva, fueron colonizadas al igual que lo fueron las del Arlanzón y Arlanza fundando nuevos poblados y otorgando tierras próximas a la frontera a los campesinos que quisieron roturarlas o dedicarse a la cría de ganado, a la vez que fortificaba las ciudades y villas en un intento de afianzar las conquistas y enfrentarse a los ataques e incursiones  lanzadas por los invasores. Al otorgar tierras a los colonos se aseguraba en principio una fuerte adhesión y fe ciega, porque la motivación era doble  al luchar por cumplir  con la obligación de acudir  a  Fonsado (milicia) y por el  interés de defender su hogar, su propio sustento, y el de su familia. Aquellas gentes eran del norte, y más concretamente lo que hoy conocemos como vascongadas porque en sus tierras sufrían pobreza y hambre. Así se tiene constancia de que unos colonos se asentaron junto al Arlanzón, cerca de Burgos y fundaron Villabáscones (hoy Castañares). Por el nombre que dieron a la pequeña aldea, del término de Torresandino, no quedan dudas de que los legendarios BASCONES también compartieron durante algún tiempo con los CASCONES una parte de la campiña. Pero cuanto tiempo estuvieron en el lugar, es más difícil de adivinar, porque aunque tengamos la referencia de la ermita, ésta bien pudo tener continuación siglos después de que la aldea hubiese desaparecido.

sábado, 11 de abril de 2015

Mis Raíces Casconas - 5 - EL ABUELO Y LA ABUELA


EL ABUELO Y LA ABUELA


Le llamaron Enedino. La elección del nombre para un hijo es un tema en el que los padres de hoy se esmeran especialmente. Se busca uno que suene bien, que no sea demasiado largo, porque luego se tiende a abreviar, que le dé personalidad cuando sea mayor, que vaya a ser de su agrado, y guste al niño, también que vaya con la moda. Decidir cómo se llamará el bebé es un tema importante de discusión entre la familia durante el embarazo y se cree que ello ayuda a establecer un vínculo más estrecho con él. El nombre es el primer regalo que se hace a un hijo y ¡es para el resto de su vida! Pero esto es el presente y ya no tiene nada que ver con las costumbres de aquella época tan remota en que mi abuelo vio la luz, con los últimos coletazos del siglo XIX. Le bautizaron Enedino, por la costumbre de elegir el nombre por el santoral y al parecer ese día es la onomástica de Santa Enedina, virgen y mártir de Cerdeña del siglo II. Cuando llegó al mundo, sus progenitores, Pedro García y Eugenia Sanz, se decidieron por el nombre en masculino de esta Santa, y ni tan mal, porque las otras opciones eran Abrúnculo y Eremberto. Ocurría en Torresandino, el 14 de mayo del año 1891. Enedino García Sanz, por lo tanto nació CASCON, cuando la esperanza media de vida al nacer era de 34 años. Y falleció en Galdácano (Vizcaya) habiendo “disfrutado” de esta vida 80 años, cuando según las tablas publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) para la población española en esa fecha, 28 de marzo de 1972, era 73. Bueno, no está mal teniendo en cuenta las calamidades pasadas; ¡qué pena haber nacido tan pronto, coño! Fueron 5 hermanos: Escolapia, Valerio, Elena, Ricarda y Enedino. De familia humilde y de origen conocido Torresandino.

Y sucedió que se casó con la que sería mi abuela, Petra Mínguez Maté, hija de Indalecio y de Ángela, que nació en Torresandino, CASCONA, el 2 de junio del año 1895 y que falleció en Basauri (Vizcaya) a los 82 años en el día 11 de junio de 1977. Fueron 6 hermanos: Vicente, Rosa, María, Felisa, Eleuteria y Petra. El origen conocido de esta familia es Villafruela (Burgos).

De padres gatos hijos michinos, como dice el refrán. Así que a esta pareja, como nadie les habló de preservativos u otras medidas anticonceptivas, sin saber el porqué, les nacieron ocho hijos, uno de los cuales de nombre Eloy, murió a la temprana edad de unos 18 meses, y Martina, niña que nació melliza con Victorina fallecía con pocas horas de vida, quedando aún seis que fueron por orden de mayor a menor: Cándido, Victorina, Afrodisia, Jesusa, Ángel y Esteban. Aunque la vida estaba difícil, la muerte en cambio resultaba bastante fácil en este país. El pueblo quedaba alejado de los centros de salud, circunstancia por la cual todas las mujeres de este municipio daban a luz a sus hijos en casa, con escasas condiciones higiénicas y con la única ayuda de la partera, que solo tenía alguna experiencia de otros partos anteriores. Los seis siguieron con el oficio que aprendieron del padre sembrando con una yunta de mulos las tierras que tenía la familia, u otras que tomaban en alquiler. Su lucha con los medios precarios de la época no daba lugar a ninguna alegría, porque la naturaleza año tras año se negaba a colaborar, ofreciendo cosechas anodinas. La descendencia de éstos ya menos abundante que la de sus padres, fue un total de 20 entre nietos y nietas. A razón de poco más de tres cada uno, que a su vez no llegarán a dos hijos de media. ¿Qué circunstancias han cambiado en tan sólo dos generaciones? Por supuesto el cambio cultural general.

¡Vaya montón de fechas! ¿Qué interés puede tener todo esto? Seguramente sólo a sus familiares y supongo que ya lo saben, pero de todos modos, quizás alguien descubra, que nos une un parentesco a través del hermano de mi abuelo o del primo de mi abuela. Para más señas, este matrimonio vivía en la calle Estrecha, bajo el Empedrado de los Esquilones de la iglesia, en Torresandino, como quien dice, en el centro del casco viejo y dedicaron toda su vida a las “faenas” del campo. !!!Nunca mejor dicho ¡¡¡

Boina
Enedino, apodado Chapetas, era un hombre corriente, con su estatura de 1,56cm (la media en el pueblo andaría por 1.62m más o menos), 60Kg en sus buenos tiempos, siempre con la boina calada negra descolorida por el sol, chaleco, camisa manga larga de rayas, abarcas y faja ceñida a la cintura, al estilo de su tiempo, analfabeto y rostro curtido por el aire, sol y frío en las duras estaciones de la meseta. La malnutrición les dejaba su marca en el desarrollo desde niños, sobre todo por la ausencia de algunos productos básicos en la alimentación. Características físicas bastante comunes en las gentes de los pueblos pobres de la Vieja Castilla en su tiempo, (primera mitad del siglo XX). Aunque bajo de estatura, no se libró del servicio militar y contaba que él había estado durante la mili destinado en el destacamento de artillería del pico Serantes, en Santurce (Vizcaya).

Los hombres además poseen otras cualidades, carácter, virtudes o vicios diferentes unos de otros, por los que algunos son añorados después de mucho tiempo. Los adjetivos adecuados con que reflejaría exactamente cómo era el abuelo, se me escapan. Sin embargo, añadir que esa persona dejó huella e influyó en nuestro futuro comportamiento. Su forma particular de entender y explicar las cosas, sus parábolas basadas en hechos o producto de su inventiva, por su rectitud en ocasiones o su camaradería, a veces cómplice, con sus nietos más mayores... Aún recuerdo la paciencia con que soportaba nuestras trastadas y fechorías, sobre todo en vacaciones escolares, que era cuando podíamos coincidir varios niños en su casa. Días que compartíamos más tiempo con él, varios primos, en la feliz infancia. Mentalmente repaso algunas de aquellas historietas con que nos ilusionaba y divertía a los niños, unas veces reales y otras, ficción, que a él le gustaba exagerar y parodiar. Las personas mayores tienen mucha paciencia y complicidad con los pequeños y, como se suele decir, ellos están más para disfrutar con los nietos, que para educarlos, ya están los padres. Y naturalmente, los suyos, le teníamos un cariño especial. Pasados los años y alcanzada la mayoría de edad, aún seguíamos disfrutando de su compañía y consejos. Hoy aún le seguimos recordando con ternura. Obviamente los padres eran los que castigaban, exigían, reprendían, prohibían, y en ocasiones nos soltaron algún cachete ganado a pulso, pero les quisimos mucho también, porque ya lo dice el refrán, “quien bien te quiere te hará llorar”. Seguramente les tenemos en un pedestal, por ser como fueron, porque sabemos que únicamente pretendían lo mejor para sus hijos y que, en aquellos años de penurias, pocos caprichos nos podían dar. Alegre, honrado, cariñoso, generoso, trabajador, no fue un fumador de vicio, aunque alguno sí que caía de tabaco picado (el cuarterón); ni bebedor, que no frecuentaba la cantina, pero el porrón en casa no faltaba para las comidas y algún traguillo cuando se terciaba; no era malhablado, creyente no-practicante, buen vecino y apreciado por todos y un buen vasallo cuando tuvo un buen señor. Feliz y orgulloso de su esposa y de sus hijos y nietos.

Todos escuchábamos al abuelo con gran regocijo, sus múltiples relatos sobre aventuras, juergas y picardías, de los años de juventud, o asistíamos a las bromas con que enredaba a nuestra abuela con el fin de hacerla enojar para a continuación, cariñosamente, recitarle la copla con la que sabía conquistarla:

Con esa pequita, Petra,

Que tienes en la nariz,

Con esa pequita, Petra,

Me haces pecar y morir.


Generalmente, para conseguir que le soltara un duro, unas rubias o algunas perras gordas que ella celosamente guardaba siempre en la faltriquera bajo las sayas, para algún capricho propio, o para sus nietos.

La abuela Petra sabía leer y escribir y también algo de cuentas pero él era más astuto para sus pequeños negocios agrícolas. A ella le engañaba cualquier gitana que llegara a la puerta. Pero siempre disputaban sobre quién de los dos era más avispado en esas competencias Sí en este momento estuvieran aquí presentes estoy seguro que empezaban a discutir una vez más sobre la venta de los yeros.

Sucedió, que habiendo cosechado y ya limpia dicha leguminosa vendió él, primero el grano, y después ella la paja, con resultado económico a favor de la abuela, y el cabreo del abuelo que entre bromas o no, se lo tuvo que oír decir por el resto de su vida. Sin embargo en su descargo los hijos siempre justificaron este hecho como algo normal, porque aquel año la cosecha se presentó escasa de grano y sin embargo de abundante paja y que se pagó a buen precio. 
Uno del derecho y otro del revés.

En otras ocasiones, ella estaba como la mayoría de mujeres de aquella época, atareada con la labor de todas las tardes, haciendo punto para un jersey, un par de calcetines, o una bufanda etc… Él la confundía al interrumpir su retahíla de, “uno del derecho otro del revés, uno del derecho otro del revés”,... monótona serie de puntos con que las mangas u otra parte de la prenda crecía día tras día junto al amor de la lumbre del fuego bajo o las brasas del brasero, las tardes del largo invierno. “Uno del revés, otro del derecho” decía el abuelo y al instante se le oía a la abuela: “vete por ahí, hijo un demonio, que ya me has vuelto a confundir, ¿es que no tienes ninguna otra cosa que hacer?”

También solía meterse con el peinado que ella llevaba siempre, un moño, según lo que marcaban las costumbres (que no las modas) haciéndola renegar con sus bromas.

Buena salud, aunque sus últimos años los pasó con ceguera total por un accidente cortando un árbol que le saltó una pequeña astilla y se le clavó en el ojo. La herida no fue curada adecuadamente, afectando a ambos ojos. El oído con audífonos, pero con su cabeza en plenas facultades hasta el final de su vida, que llegado el día fatal de su muerte, consciente de su grave momento, pidió a sus hijos que cuidaran a su madre entre todos, como buenos hermanos, por ser plenamente conocedor del paulatino deterioro de la salud de su mujer a causa del alzhéimer, una dura enfermedad que ya llevaba sufriendo durante años y solo Dios sabría por cuanto tiempo aún.

Hoy a los jóvenes de allí, ya no les dice nada el nombre de Enedino, o solo les suena de oídas, porque han pasado muchos años desde su fallecimiento y a ésos se suman los que llevaba ausente. Pero los de la tercera edad, si la salud les ha respetado la memoria, yo estoy convencido que responderán gratamente de él y del resto de esta familia.






jueves, 19 de marzo de 2015

Mis Raíces Casconas - 4 - TORRESANDINO


TORRESANDINO


     
Torresandino es el epicentro de esta narración. Es un pueblo pequeño, pero no demasiado comparado con la mayoría de los que pueblan las zonas rurales castellanas y está situado al sur de la provincia de Burgos y para concretar más, lo podemos definir como la capital del Esgueva burgalés. A 71km de distancia a la capital de provincia, a 15Km de Roa de Duero y a 33 Km de Aranda de Duero. Ya no somos de Castilla la Vieja, como aprendimos en nuestros estudios primarios, que ahora, en una más reciente distribución política del país estamos incluidos en la comunidad de Castilla y León. Desde 1995 está asignado al partido judicial de Aranda de Duero, en lugar de Lerma como en nuestra infancia. Otro cambio está en su nombre, que era Torresandino de Esgueva y le han quitado el Esgueva, pero no le sustituyen por de La Ribera, o de Duero, simplemente se ha quedado sin apellido en esta corriente de las modas. Es decir, Torresandino, o entre los chavales, simplemente Torre.

 
   La orografía está definida principalmente por la cuenca del río Esgueva, y sus afluentes: el Henar (Aguachal) y los arroyos de Quintanilla, y del Manzano. A excepción de estos pequeños valles el terreno del término municipal es meseta con escasas elevaciones y sus puntos culminantes son: Las Revillas 951m, Los Cascajos 949m, Montón de Trigo 946m, El Otero 946m y Canaleja 942m. La cota menor la da el rio con 836 por la raya de Villovela y el núcleo urbano está a una altura sobre el nivel del mar de 847m, y su punto máximo, El Castillo, 879m. 
 



  Hay evidencias de que ya en tiempos de los celtas estas tierras estaban habitadas por pequeños poblados, que continuaban en época romana. Pero no es hasta el siglo IX, que un tal señor Sendino levantó una fortaleza que tenía una gran torre y  una muralla para proteger el conjunto del casco antiguo, lo que dio nombre al poblado como Torre Sendino, o Torredesendino.
      La evolución de la población fue constante, y aparece con 944h. en el año 1900, según el INE Instituto Nacional de Estadística. En el último siglo, ha sido claramente ascendente hasta mediado el siglo y a partir del año 1960 con 1408h comenzó la regresión demográfica, que hizo caer hasta 838h en el 2000, consecuencia de una gran emigración, al coincidir varios años de pésimas cosechas e incorporarse a la vez la mecanización del campo que eliminó la necesidad de contratar mano de obra y ante la falta de cualquier otra perspectiva económica en la región. La provincia receptora de este potencial humano fue Vizcaya, principalmente.
     ¿De no ser por el Monte, qué hubiera sido? Me refiero al Monte de 2500Ha de terreno que desde las primeras décadas del siglo XX, tras litigar con Villafruela por su posesión, están disfrutando los vecinos de Torresandino. Este terreno se dividió en partes denominadas suertes, que se concedían a todos los vecinos de la localidad. Parece estar fuera de toda duda que, al disponer de terreno, algunos labradores se animaron a seguir intentándolo, incorporando el tractor, que en unos diez años acabó sustituyendo los medios anteriores ya anticuados, para entrar de lleno en la revolución del campo castellano. Sobre el año 1953 existían en el pueblo dedicados a la agricultura tres parejas de bueyes / vacas, doscientas parejas de mulos, una treintena de caballos y algún que otro asno. A éstos habría que añadir los burros que decía Don Pelayo (maestro de enseñanza primaria) que él tenía en la escuela.

Ayuntamiento

   Qué tiempos aquellos, y qué cambio se consiguió en la vida del campesino. Otro cambio ventajoso, reconocido por los propios interesados, sería la tan traída y llevada concentración parcelaria, de la que ya se tenía listos los trabajos de estudio peritación y planos de la nueva distribución de los terrenos, pero que por el egoísmo y la envidia, todos decían que perdían con el cambio. Hoy, todos desean su puesta en marcha. Tal vez el próximo año será. 




miércoles, 18 de febrero de 2015

Mis Raíces Casconas - 3 - NOSTALGIA


NOSTALGIA

 Foto de familia: Abuelos, tíos y primos                         
   Recuerdo con ilusión una tarde que fue la primera de otras muchas tardes oyendo a mi abuelo, todas aquellas historietas del entorno familiar y de mi pueblo, que por una u otra razón permanecieron entre los recuerdos de mi abuelo y ahora gracias a él entre los míos. Y todo empezó por unas viejas fotografías de algunos antepasados que por cierto escaseaban, porque como la economía no estaba muy boyante, no se gastaron mucho en retratos algo que a mi siempre me encantaba y sobre todo las de blanco y negro antiguas aunque aquellas estaban bastante estropeadas, pero las encontraba un encanto especial, tenían  ese punto de misterio que me picó la curiosidad y me llevó a plantear un sinfín de cuestiones que las imágenes me sugerían. Mi abuelo parecía tener más información y además era el único capaz de aguantarme con tanta paciencia. Algunas personas se me hacían familiares pero la mayoría me resultaban extrañas. Empecé a preguntar por aquellas gentes que, unas serias y otras sonrientes me miraban y resultó que cada una tenía su historia particular. Nunca pensé que ocurrieran cosas interesantes en mi entorno. ¿Por qué nunca nos contáis estas cosas abuelo? Mi abuelo me contestó contento de que me hubiera gustado.  “Los mayores no os hablamos de esas cosas porque creemos que no os interesan. Son viejas historias y de gente que no habéis conocido y pensamos que os aburrirían o que no le encontraríais sentido alguno. A fin de cuentas eran otros tiempos, que en nada se parecen a los de ahora”.
         Cuando por vacaciones paseo por las calles de este pueblo, disfrutando de la tranquilidad que proporciona la calma y el silencio, lo hago sin prisas y retrocediendo con el pensamiento al tiempo en que por estas mismas calles los carros se movían ruidosos y torpes dejando profundas roderas en el barro y cuando llovía los peatones tenían que pasar sorteando los charcos, y a veces calzados con zuecos o almadreñas. Hoy toda la calzada está limpia y los niños juegan con cromos sentados en el suelo de cemento, cerca del corrillo de mujeres, que a la sombra de la casa pasan las tediosas horas de verano. Éstas murmuran a mi paso, como lo hacen siempre de los desconocidos: ¿Quién es, no le conocéis? ¿De quién será?. Se da un aire a los de tal o cual familia; una voz menos enérgica pero más experta asegurará que no se trata de un forastero, que es un hijo del pueblo de los que hace muchos años se marcharon a Bilbao, pero nació aquí; su abuelo y su padre, eran buena gente; es un Chapetas. Efectivamente los emigrantes de Torresandino salían  en su mayor parte a Bilbao y los pueblos de los alrededores donde abundaba la industria siderúrgica, astilleros y la construcción; Primero los que estaban en edad de trabajar y buscaban una casa para traer al resto de la familia. Siempre llevaban en mente que en el pueblo no había trabajo y que eso no iba a cambiar, por lo tanto enfocaban el futuro sin retorno.




  Con mis hermanos Rosi, Petri y Lázaro. Con Marisa,una prima junto a las casas del Castillo del tió * Julián                               

















(*)Tió/Tiá: Forma habitual de nombrar similar a Señor /Señora a personas mayores.


sábado, 3 de enero de 2015

Mis Raíces Casconas - 2 - IDENTIDAD


IDENTIDAD

  Soy Francisco, o familiarmente Paco. Mis padres vivían en Torresandino, un pueblo burgalés cuando me llegó el momento de salir al mundo. Según me han contado era un lunes con luna nueva, y lo primero que oí decir fue: “Antolina, es un niño”. Esta frase dirigida a mi madre, hablaba de mí y aunque yo no lo entendí muy bien, percibí que eso hizo que se pusieran contentos, especialmente Cándido, mi padre. Ocurría en una anticuada habitación del ajado domicilio conyugal en la calle que es hoy la Avenida de las Escuelas, aquel edificio cochambroso ya no existe y mi residencia de la infancia (que tampoco está ya), fue en la calle La Empedrada. Mis ratos de ocio, los pasaba mayormente por la zona de Las Boticarias y el Corral de Pineda. Después cuando contaba yo con 11 años, emigré con toda la familia aunque no hemos dejado de volver en vacaciones, a la calle Arriba (Calle San Andrés). Por lo tanto, soy de Torresandino, un lugar de la España profunda, de cuyo nombre jamás dejaré de acordarme, porque llevo con mucho orgullo el gentilicio de CASCON, aceptado por todos los nacidos en esta tierra. 

  Reconozco que para la elección de mi nombre fue un poco providencial que mi padre se encontrase con Dionisia la esposa del Pasiego, que le persuadió sobre el nombre del santoral del día 4 de junio, cuando él ya se dirigía a registrarme con otro mucho más arcaico pero al parecer en memoria de un familiar. Efectivamente, San Francisco de Caracciolo un santo italiano del siglo XVII murió en esa fecha, Tuve suerte, porque también se celebra el mismo día San Croidano, San Oprato, San Medano y San Metrósfones.

  En cuanto a mi apellido, García es conocido que desde la historia antigua hasta hoy, hubo reyes, presentadores de TV, conquistadores, directores de cine, médicos, escritores, investigadores, periodistas y en cualquier otra faceta de la existencia humana, pero no pretendo averiguar si este humilde servidor, entronca con nadie en especial, que sería una ardua tarea remontarse en la oscuridad de los tiempos. Dejando de lado el linaje o la genealogía del apellido, me reafirmo en que desciendo de una clase social que no tuvo títulos ni privilegios y sin embargo hasta donde he podido informarme, fueron siempre estimados y tenidos por gente noble y honrada. Sí voy a presumir de la heráldica y decir, como reza en nuestro escudo, DE GARCIA NADIE DIGA.



  Siempre pensé que mi trabajo no era lo que a mí me hubiera gustado hacer. Y que de poder elegir, mi inclinación sería letras. Claro que la vida todo lo tergiversa y me dio la primera oportunidad en ciencias, que me fue bien y no podía  quejarme. Unido a un trabajo que me dió cierta seguridad,  un sueldo interesante que no quería dejar, posibilidades de promocionar y adiós muy buenas, que me duró 46 años. En eso me quedé. Hoy ya tengo 61 años de edad, trabajaba como técnico industrial, pero en este momento en paro, despedido por quiebra de la empresa y sin trabajo por culpa de la crisis general. A esta edad, encontrar otro trabajo sería un sueño. Espero prejubilarme cuando se me termine el subsidio de desempleo, por lo tanto, ahora soy un parado más de las listas del Instituto Nacional de Empleo (INEM) y después pasaré a ser un pensionista más de la Seguridad Social (SS). Ya es demasiado tarde para empezar, pero como tiempo me sobra, nada me impide que haga unos pinitos, escribiendo en mis ratos libres, para satisfacer mi propia curiosidad. 

  Yo,Francisco año 1960


  En todo este tiempo, me ha tocado vivir muchas cosas: Las amargas, mejor no sacarlas del olvido pero otras merece la pena recordarlas, como los grandes momentos de nuestras vidas. Me casé con Mª Nieves Herrería y tuvimos a Edurne, ésta se casó con Alejandro Garmón, y ya tenemos un nietecillo, Asier. Somos además parte de una gran familia, que como diría S.M. D. Juan Carlos, “nos llena de orgullo y satisfacción”. -La vida sigue-. 





domingo, 9 de noviembre de 2014

Mis Raíces Casconas - 1 - PRÓLOGO


Hoy doy comienzo a una serie de capítulos extraídos del libro Mis Raices Casconas que escribí sin ánimo de lucro. Si haces uso de él, te agradecería que al menos cites mi nombre. No demando ninguna condición a menos que éstas sean requeridas por la ley. Y si alguien cree tener derechos de copy right, sobre parte del contenido de este trabajo, que me lo haga saber y será retirado sin mayor problema.

      

MIS RAÍCES CASCONAS


Francisco García





      Por temor a que con algún desafortunado olvido pudiera agraviar a alguna de las personas que me han ayudado colaborando con meritorias aportaciones desinteresadas, he preferido no publicar la que sería una extensa lista de hombres y mujeres que han hecho posible alcanzar y superar lo que yo pretendía. Va por vosotros familiares y amigos, mi agradecimiento sincero.

                


A mi hija:

“El juguete más sencillo, aquel que 
hasta el bebé más pequeño sabe manejar, 
se llama abuelo.”


Aita.



Mis abuelos Enedino y Petra año 1970


PROLOGO

A veces cuando estamos en tertulia familiar con mis hermanas Rosi y Petri, surge aquel pasado; el de entonces, cuando vivíamos en Torresandino de Esgueva, el pueblo de Burgos que nos vio nacer y donde se desarrolló nuestra infancia y empezamos a conocer las cosillas corrientes del día a día. Allí nacimos nosotros, lo hicieron nuestros primos y prácticamente el resto de la familia. Ahora que me pongo a pensar en ello, realmente ya son muchos años, más de medio siglo de aquello y algunas vivencias las recuerdo ya como un paisaje muy lejano que, debido a la perspectiva, se difuminan en la distancia, empiezan a perder nitidez y la apreciación de algunas pinceladas se hace tan nimia, que creo es ya el momento de dejar constancia a nuestros nietos de quiènes son y de dónde vienen. Que conozcan las costumbres de sus antepasados, y de qué mimbres salieron estos cestos. Yo creo que es importante y por eso, en este libro he recopilado una muestra de historias, tradiciones, costumbres, y anécdotas. Recuerdos propios, de mis años de infancia en Torresandino, donde nací, y otros de oírles contar a mis mayores, o sondeando a unos y a otros, destacando los aspectos de los años difíciles del siglo pasado y comparándolos con los de bonanza que les siguieron, enfatizando en algunos aspectos que evidencian el gran cambio experimentado en calidad de vida.

Mi abuelo Enedino, era un buen hombre apodado Chapetas. Ahí está por lo tanto uno de los mimbres que dieron comienzo al cesto; me explayaré en quién y cómo era este personaje importante de mis raíces. También a mi padre, Cándido, siempre solícito para contar episodios entretenidos de su vida y a mi madre, Antolina, que con sus 90 años bien conservados y una memoria envidiable, sigue siendo una buena fuente a la que consultar. Aparecerán algunos contemporáneos de la época, pero en ningún caso existe intención alguna de dañar el honor de dichas personas, sino más bien, intento evidenciar que fueron parte de aquella comunidad y siguen vivos en el recuerdo lo suficiente como para ser mencionados aquí. En todo caso, deben de perdonarme aquellos que quedan olvidados.

Unas notas de lo que podríamos llamar la vida el siglo pasado en ese pueblo burgalés. Al final, estos renglones solo serán una parte muy pequeña de la inédita historia de Torresandino, por eso los he llamado, “unos surcos en lo baldío”.

Espero que la lectura resulte agradable al lector.

Conseguirlo es mi objetivo, y sería mi satisfacción.